Me la pasaba pensando en el futuro, convencida de que el trabajo ideal/el hombre ideal/el peso ideal, iban a ser la solución para poder ser más feliz en el día a día. 

Mi vida andaba en piloto automático y yo, pensando que era lo correcto, me dejaba llevar diciendo que sí a un trabajo tras otro sin darme la oportunidad de pensar realmente en qué era lo que quería.

Tuve una terminada que resultó siendo una despertada.

Decidí tener fe en que había otra posibilidad.

Tomé un riesgo, no porque me gusten los riesgos, sino porque el riesgo de quedarme estancada en el mismo lugar era mayor.

Me propuse poner en orden lo que estaba pasando dentro de mi, y dejar de esperar que las soluciones llegaran desde afuera.

Declaré que mi felicidad era lo más importante. Me puse en la tarea de pensar en las cosas que amaba hacer.

¿Quién se habría imaginado que mi pasión secreta por revistas de farándula me habría llevado a la conclusión de que mi mayor interés siempre había sido observar cómo viven sus vidas las personas?

Aquí estoy.

Amo lo que hago, siento que encontré mi vocación. Estoy casada con un hombre que jamás me imaginé podría existir.

No es una receta, ni se trata de una vida perfecta.

Es una apuesta diaria a la felicidad, es entenderse y quererse a uno mismo.

Sé que el cambio es posible porque lo viví.

Pude crear una vida que se siente bien, con la que me siento plena y preparada para enfrentar cualquier reto que se me presente.

Escribí un libro que es apenas el comienzo de lo que espero sea una larga trayectoria de poder comunicar todo lo que aprendo a diario.

Si pudieras ver lo que yo pensaba y sentía y lo que pienso y siento ahora, tu también creerías en los milagros.