Mis leggings y el secreto para la motivación

El martes pasé la mayor parte del día en mis leggings de trotar. Sin ir a hacer ejercicio.

¿Te ha pasado?

El plan original era ir por la mañana, pero empecé a contestar correos y preparar sesiones con clientes.

Tenía además que editar algunos videos que había grabado el lunes.

Después se me ocurrió cocinar algo rico y al rato estaba leyendo un artículo súper importante para un nuevo proyecto en el que estoy trabajando.

¿El resultado?

A las 8 de la noche seguía en las mismas. Había hecho de todo menos lo que estaba de primeras en mi lista para ese día.

¿Porqué?

Porque no tenía ninguna motivación para hacerlo.

La motivación es un esfuerzo diario, no algo que se hace una vez.

No estará al mismo nivel o intensidad todo el tiempo, pero si puede estar a un nivel bastante consistente si le trabajamos.

Tengo una idea de lo que puedes estar pensando.

Que es un tema de personalidad.

Que fulanito es muy motivado y tú o alguien más no. Que para otras personas es más fácil, en cambio para ti no.

Yo también pensaba así. Hasta que me di cuenta de que no me estaba ayudando para nada esa creencia.

La implicación de esa creencia es que la capacidad de motivarse uno es innata, y que por ende no se puede aprender.

Nada que ver.

Yo sé que con las herramientas adecuadas, cualquier persona puede encontrar y mantener la motivación.

Lo importante es entender que es algo en lo que nos debemos esforzar.

Porque aunque parezca “natural” para algunas personas, SIEMPRE es el resultado de un proceso mental.

Todo lo que hacemos viene de algún pensamiento; cuando movemos un brazo es porque pensamos en hacerlo.

Lo que pasa es que algunas personas son mas consistentes en su motivación. Aprendieron a incorporarlo en su día a día, y ya parece automático.

Pero sigue siendo un caso de pensamiento = acción, aunque esto suceda en milésimas de segundo.

La motivación es un ejercicio diario.

Como dice Zig Ziglar:

“La gente continuamente dice que la motivación no perdura. Bueno, tampoco un baño. Por eso recomiendo hacer ambas todos los días”

He estado pensando mucho en esto esta semana, porque sí, finalmente fui al gimnasio el martes a las 8.30 pm. Más tarde de lo planeado, pero fui.

Quiero compartir contigo algo de lo que trabajo con clientes para apoyarlos con la motivación y lo que puse en marcha nuevamente el martes para moverme.

  1. El primer paso es ubicar qué es lo que te motiva exactamente. La motivación es algo diferente para cada uno. A medida que todo lo que hacemos gira alrededor de evitar el dolor o aumentar el placer que sentimos, así también la motivación puede irse por cualquier de esos dos caminos.

¿Cuál te mueve más?

  • ¿Pensar en lo que pasaría si no haces lo que quieres hacer? (por ejemplo en mi caso pensar en no trotar; en el caso de alguien obeso que quiere adelgazar sería pensar en los riesgos para su salud)
  • ¿O pensar en cómo te vas a sentir si lo haces? (para mi pensar en cómo me sentiría durante o después de haberlo hecho; para alguien obeso sería el placer de sentirse más liviano, sano, etc)
  1. Una vez hayas identificado cuál de esas dos respuestas te mueve más, sabrás si te motiva el dolor o el placer. Solo entender eso y tener claridad es un paso importante. Haz una lista donde entras en mayor detalle para que se consolide esta idea para ti: por ejemplo a mi me motiva el placer en este caso y en especial el hecho que cuando troto siempre me siento inspirada, que troto por mi mente más que por mi cuerpo, que es un momento para mi sin interrupciones. Son cosas específicas entonces las que tengo por ganar al hacer ejercicio y van mucho más allá que simplemente “tener buen estado físico” o “buen cuerpo”. Son cosas importantes para mi y eso me hace querer lograrlas.
  2. Nada de lo anterior sirve si no lo usas. Si has identificado que lo que te motiva es el dolor al que te enfrentarás si no lo haces, ESO es lo que debes pensar en ese momento. Imagina tu vida en un año si no lo haces. ¿Cómo te vas a sentir? La motivación se manifiesta a través de tus pensamientos, pero para lograrlo, tienes que estar a cargo de lo que piensas.
  3. Además de este proceso de hacer consciencia de lo que te motiva, la otra herramienta que es muy poderosa es que alguien más sepa. Cuando yo le digo a mi novio que voy a trotar, en el 99% de los casos lo hago. Desafortunadamente tenemos la tendencia de cumplirle más a los demás que a nosotros mismos y por lo tanto hacer público un reto o una tarea nos hace sentir mayor obligación de hacerla.

Intenta aplicar este paso a paso hoy mismo para algo en lo que te ha faltado motivación. Si no tienes a quien contarle para comprometerte con hacerlo, ¡cuéntame a mi! ¡Me encantaría apoyarte con esto!

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