Tengo miedo de contar esto: una historia sobre el dinero

Hoy comparto una historia real de mi vida.

El consejo que más le dan a uno como Life Coach es que uno tiene que ser uno mismo. Que no sirve de nada fingir perfección o conocimiento. Que todo fluye mejor cuando uno habla sinceramente y vulnerablemente. Que a pesar de lo que uno piense, los clientes sienten una conexión real cuando uno comparte su realidad. Aunque sea imperfecta.

Es más fácil mostrar esta vulnerabilidad en algunos temas que en otros. En el tema afectivo por ejemplo, uno podría imaginar (y me ha pasado, sobre todo con mi libro Termínale a la Tusa), que compartir anécdotas del pasado de malentendidos, rupturas y tusas podría ser algo positivo. Algo que haría que un cliente se sienta identificado.

También en el tema de cuerpo y peso: cuando comparto mis experiencias en ese aspecto siempre siento que se profundiza mi conexión con mis clientes y las personas que generosamente me siguen y leen mis correos.

Hoy quiero hablar de un tema tabú, un tema que en todo caso es difícil de abarcar, un tema sobre el cual todo el mundo tiene temores, convicciones fuertes y juicios.

El dinero.

He estado trabajando mucho en el tema del dinero recientemente, y lo que he vivido me hace pensar que debo compartir mi experiencia. Que contar esto, aunque me genera nervios, es un paso importante en mi crecimiento y eso si que sea muy claro: aprendo y crezco cada día y gracias a cada cliente y persona con la que interactúo.

Fui una niña muy afortunada y mi infancia fue prácticamente un cuento de hadas (hasta los 10 años aproximadamente). El dinero no era algo que me preocupara mucho. No recuerdo ningún aprendizaje en relación a el ni actividades como ahorrar para comprarme cosas.

Cuando cumplí 18 años el banco me envió dos tarjetas de crédito. Y ahí empezó el problema. Me fui de shopping de inmediato. Las compras se convirtieron en una actividad que aliviaba cualquier estrés o tristeza de esa época. No sabia nada de manejar plata y menos de cómo funcionaba el crédito.

Enseguida, durante mis cinco años estudiando en Londres en la Universidad, disfruté como nunca, pero también me sentí sola como nunca. Afortunadamente nunca tuve tarjeta de crédito allá, pero si gastaba mucho más de la cuenta, encontrándome en apuros al final del mes y aprovechando con demasiada frecuencia la posibilidad de sacar más cupo del que tenía en mi cuenta de ahorros.

Cuando volví a Grecia con mi maestría en el 2004, llegué con el peso de las deudas. Las dos tarjetas de crédito y una deuda por haber retirado mas de la cuenta con tarjeta debito (una cosa que los británicos llaman “overdraft”). Grecia en esa época ya empezaba a presentar síntomas de la crisis y yo recién graduada de Sociología con una maestría en Género, no tenia muy claro en que quería trabajar y los trabajos que encontraba pagaban, como la mayoría de trabajos para recién graduados, muy mal.

Así pasaron unos años de malos sueldos, intereses de tarjetas de crédito (no quiero ni pensar en eso), cero ahorros y bastante frustración. En el 2008 llegue a Colombia y las cosas empezaron a mejorar. Buenos puestos, buenos sueldos. Me fue bien en poco tiempo, pero como el dinero se había convertido en un peso para mi, no había querido enfrentarme al tema. No pedí ayuda, no busque aprender cómo ahorrar, cómo gastar. Pude pagar las deudas con las que venía (en parte con ayuda de mi mamá), pero no ahorraba nada y empecé a endeudarme aquí también.

En el 2012 tomé una decisión que me cambió la vida. Decidí que era el momento para descubrir cuál era mi vocación. Decidí que era mejor tomar ese riesgo sola que diez años más tarde con familia a bordo en crisis de los 40. Vendí muebles, saqué mis cesantías, y me tomé un sabático. Fue maravilloso, y cumplió con la expectativa. Al cabo de seis meses de lectura, reflexión y meditación, la encontré.

He sido plenamente feliz por primera vez en la vida desde ese momento. Incluso los momentos difíciles han sido mas manejables porque me conozco más, porque me entiendo mejor y porque no hay nada como estudiar y trabajar en coaching como para que uno tenga que enfrentarse a sus demonios.

En ese proceso me di cuenta que para este demonio, había muchas cosas que debía enfrentar. Y crecer es enfrentar. Cambiar es enfrentar. Duro pero necesario. Intenso pero hay alivio asegurado al final.

Lo primero que tuve que enfrentar fue las creencias que se habían generado en mi en relación al dinero, que en resumidas cuentas eran algo por el estilo de:

  • El dinero es difícil de manejar
  • Los temas financieros son difíciles de entender
  • No soy buena para manejar el dinero
  • No soy confiable
  • Aunque llegue dinero no alcanzará a cubrir las deudas
  • No me merezco dinero porque me he portado mal

Algunos pensarán que estas cosas son verdad y que estaba acertada en pensarlas. Pero como siempre, mi posición frente a las creencias negativas y limitantes es que no importa tanto si están basadas o no en la realidad. Importa mas la manera en la que contribuyen a la situación. ¿Tendrá un impacto positivo en la situación financiera de alguien pensar que no se lo merece?

Las creencias que se generan en nuestras vidas nacen a raíz de cómo interpretamos todo lo que nos pasa. Mis interpretaciones de lo sucedido llevaron a esas creencias y fue muy claro para mi que si realmente quería hacer un cambio, iba a tener que cambiar lo que creía.

Así como mis creencias y pensamientos eran negativos, mis sentimientos también. Sentía mucha angustia, culpa y vergüenza. Esos sentimientos a su vez (me demoré un tiempo en darme cuenta de esto), estaban directamente implicados en la idea de que no me merecía estar bien económicamente.

¿Puedes imaginar el efecto que esto tenía en mi vida? ¿Querer tranquilidad y abundancia económica pero tener todas esas creencias y sentimientos negativos? ¿Si el dinero fuera una persona se espantaría, no? Eso es precisamente lo que estaba haciendo. Cuando me di cuenta, no tuve otra opción que ponerme las pilas.

He venido trabajando en esto desde que empecé con el coaching y el EFT/tapping y he visto cambios enormes. Cambios positivos. Porque es verdad que cuando uno empieza a perdonarse, a soltar el pasado y sentir confianza en el presente, todo empieza a cambiar.

Quizás la ultima pieza del rompecabezas era esta. Contar. Contar lo que tengo miedo de contar. Contar para que tu sepas que las cosas pueden cambiar y para que sepas que tu puedes cambiarlas. Contar para que tu también te puedas perdonar y soltar lo que hiciste o no hiciste en el pasado.

Borrón y cuenta nueva. Aquí está entonces. Lo que comparto hoy contigo, lo que he venido trabajando desde hace rato, para ti y para mi:

Me perdono.

Dejo todas esas historias y creencias en el pasado donde pertenecen.

No más pena.

No más culpa.

No más vergüenza.

Hasta aquí.

Me permito sentir gratitud por todo lo que logrado, incluso lo que ha sido posible hacer con esas deudas.

Tomo una decisión clara y contundente de cambiar mis creencias en relación al dinero.

Soy capaz de manejarlo. Estoy aprendiendo. Ya no es un algo desconocido y temeroso.

Me lo merezco.

Puedo confiar en mi.

Estas son mis nuevas convicciones. Las medito, las pienso, las pongo en práctica. Porque cuando realmente se quiere hacer un cambio, cuando la mente y el cuerpo se alinean, todo es posible. Porque tomar decisiones que nunca pasan a la acción es igual a hacer nada. Porque tu puedes transformar esa parte de tu vida en la que te das muy duro, tu también puedes hacer borrón y cuenta nueva.

¿Qué esperas?

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